ventana.
me asomo por mi ventana como cada mañana, cada tarde, cada noche y me construyo un mundo.
por las mañanas me detengo a observar el patio de la casa de en frente. parece una casa con muchos años encima, no por descuido, sino por el tamaño de sus árboles de naranjos. me gusta imaginar que allí vive una abuelita a la cual visitan con frecuencia. no sé si sea cierto, pero el pensamiento consigue enternecerme.
cuando llega la tarde y el sol empieza a esconderse, mi atención se desplaza hacia el cielo. lo contemplo teñirse lentamente de anaranjados, rosados y violetas, mientras la cordillera con sus cumbres nevadas absorbe los últimos destellos de luz.
en la noche me gustaría encontrar una mayor cantidad de estrellas de las que realmente veo. en su lugar pasan aviones con luces parpadeantes que desaparecen entre edificios. observo otras ventanas iluminadas y pienso que cada una de ellas cuenta su propia historia, como la mía.
esta cotidianeidad, aunque pertenece a mi soledad, me gusta pensar que alguna vez también te pertenecerá.

