tiempo.
el tiempo corre, se nos va de las manos y no hay forma de detenerlo.
el cuerpo se desgasta. la memoria aprende a olvidar.
y nos encuentro malgastando los días en lejanía.
podríamos dejar a un lado los miedos, los rencores, las opiniones que no son más que garabatos.
podríamos volver a tomarnos de la mano, aunque fuera como un último gesto de lo que existió.
y, sin embargo, existe.
¿te acuerdas de las cartas que escribimos enumerando lo que amábamos del otro?
todavía me pican las manos por confesar el desbordamiento que provocas, mirándote a esos ojitos que no se encuentran en ningún otro lugar.
leí por ahí que toda declaración de amor es urgente.
y precisamente porque tiempo sigue corriendo, aquí me tienes.

